Podría hablar de una mujer francesa que abrió una tienda en A Mouraria y que descubrí en uno de mis paseos por Lisboa, pero no recuerdo nada de la tienda, ni de ella. Nada, sólo el comentario que hizo. Dijo que estaba ahí con su tienda de productos artesanos porque se había enamorado de Lisboa. Son muchos los inmigrantes por enamoramiento, gente que fue a Lisboa, la paseó, la vivió, la conoció y vuelve tantas veces como es posible y que finalmente se queda y se funde en ese conglomerado multirracial que es la ciudad abierta al Atlántico, a las antiguas colonias y a quien se ha enamorado de ella. Muchas veces el enamoramiento va acompañado del silencio, por miedo a que la ciudad se pierda. Un silencio que acompaña a pesar de estar inmersos en una oleada de turismo y de temor a que las marcas multinacionales engullan esa ciudad que aún pervive. Nada tapa el silencio ni las sensaciones.
Vamos a hablar de sensaciones, ya que no sólo intervienen los cinco sentidos en nuestras percepciones: aromas, colores, sabores, sonidos, suavidad, temperatura, luz, emoción, inteligencia, observación…
Para vivir su silencio hay que callar y dejar que hablen las sensaciones y el sexto, séptimo, octavo, noveno… sentido.
E num bar fora de horas
se eu chorar perdoa
O meu bem é que eu canto
por dentro sonhando
que estou em Lisboa
(Fausto Bordalo)
Para oír la canción cantada por Cristina Branco,
aquí